Será el verano, pero no paro de ver cuerpos desnudos. Corrijo: cuerpos de mujeres desnudos. En anuncios, exposiciones de fotografía e incluso en los medios, pero me parece que estos responden a un fenómeno muy distinto ¿o no? Encontramos por un lado las típicas fotografías de los San Fermines: trajes blancos, pañuelitos rojos, los balcones, gente por todos lados. Y luego llegan las otras imágenes: los
toros torturados desangrándose, el desfase justificado por el alcohol y los abusos cometidos amparándose en 'la fiesta'.
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Muchos habéis visto ya la imagen de una joven manoseada por decenas e incluso otra apunto de ser
completamente desnudada. Ya hemos oído el debate: una cosa es que ella se desnude porque quiera y otra que tú te sientas en derecho a tocarla. Qué disfrute o no es secundario, porque eso sólo lo sabes después de que tu decidieras poner tus manos encima de ella sin permiso alguno. Y aunque de esto no hay imágenes, sí que sabemos que hay organizaciones en Iruña que lanzan todos los años la campaña contra la
violencia sexual contra las mujeres que se multiplica estos días, empapelando la ciudad de pegatinas que dicen algo tan obvio como
'No es no'. Y luego nos
rasgamos las vestiduras con Egipto.
¿Es machismo? Está claro que las violaciones lo son, pero muchos no ven lo que precede: discriminación por ser mujer, menor sueldo a mismo trabajo, responsabilidades familiares impuestas,
presiones estéticas sólo por ser mujer. Y después está la criminalización de la víctima: que si provocaría, que si
calientabraguetas, que si no deberías haber ido sola por la calle, que si es una fresca por ir así vestida. Más cuenta de ello da
este artículo donde a través de carteles víctimas de agresiones sexuales cuentan la macabra reacción de su alrededor.

Y ahora llega el comodín mayor del machismo: la violencia estatal. Por que no sólo no persiguen a los autores de estos delitos, agilizan los procesos judiciales o condenan sin reservas las
agresiones machistas, sino que siembran dudas de la necesidad de igualdad real y condenan a la mujer a la tutela. Como si no fuéramos capaces de decidir por nosotras mismas sobre nuestra vida. Primero quitan las ayudas a la dependencia, que hacían posible que miles de mujeres volvieran a trabajar dejando atendidos a sus familiares que por tradición estaban condenadas a cuidar. Después vuelven a la carga con el
derecho al aborto. (Sobra decir que las ayudas a maternidad sigue igual o peor que antes, ¿no?) Y ahora, contra los anticonceptivos.
Sanidad excluye financiar los llamados 'de tercera generación'. Perfecto.
Eso sí, hoy continúan debatiendo en el Congreso si declaran las corridas de toros
Fiesta Nacional Bien de Interés Cultural. De nuevo, tetas y toros.