La protectora tuvo la suerte de contar con Educan, donde ayudaron con los primeros pasos de la vuelta a la vida de Tamy. El descanso, la comida y el cariño resucitaron poco a poco a esta podenquita rubia de trufa rosada. En poco tiempo llegó la prueba de fuego: pasarla a una casa de acogida. Tuvo que ser una familia especial, con mucha paciencia, con experiencia en casos extremos de miedo, que siguiera las pautas. Y así fue. Cada vez que Tamy se dejaba peinar, cogía de la mano un chuche o no huía en la calle, era un triunfo. Nunca esos pequeños gestos significaron tanto para tanta gente que esperaba cualquier signo de mejoría de esta pequeña apamaguera.
Poco a poco el avance se estancó. Estrella, la casa de acogida, llegó a pensar que la recuperación de Tamy había llegado al máximo que la perra abandonada y maltratada iba a lograr. Hasta que se toparon con Javi y su compañera de piso. Él coincidía con las dos apamagueras en el parque cuando paseaba a la perra de su compañera de piso, Sheila. Javi se interesó en la podenca, que permanecía asustada e inmóvil cuando él intentaba tocarla. Impresionado por su historia y su estado le habló a Sheila de la perra, que no dudó en querer conocerla. Y no fue hasta que Tamy y Sheila coincidieron cuando el lado especial de ambas asomó.
Estrella llevó a su casa a Tamy y el flechazo fue inmediato: la perra se acercó, se dejó acariciar, abrazar. “Estaba tan rejada y confiada como nunca lo había visto. Tanto que parecía no querer volver a casa”, explica su casa de acogida, que volvió a repetir los encuentros con idéntico resultado. No se sabe si la ceguera de nacimiento de Sheila ha hecho que sea especialmente sensible, o que Tamy aprecia la forma de moverse y hablar de Sheila pero algo hay entre ellas. Y en APAMaG saben que hay alguien más ahí fuera con quien Tamy tendrá esa afinidad, su casa de adopción definitiva. ¿Serás tú esa persona tan especial?Para acoger, adoptar o ayudar a APAMaG pincha aquí





