'Ninguna agresión sin respuesta'. Esta frase se asocia a
movimientos antifascistas que contrarestaban las palizas seleccionadas que grupos - porque nunca van solos- de nazis, xenófobos y racistas propinaban por las calles de las grandes ciudades con total impunidad. Luego se extendió a la defensa de otras víctimas, como las
personas homosexuales, sin techo, drogodependientes o cualquiera que se saliera de la homogeneidad que quieren imponer.
Se trataba de una respuesta ante la pasividad de la policía, la magistratura, la Administración, una necesidad de los ciudadanos de a pie que podrían recibir agresiones de esta escoria. Gentuza protegida por los poderes - muchas veces hijos de, otras grandes empresarios- y que una vez más disponían de la mejor arma: l
a impunidad.
Ahora, quienes usamos este eslogan somos las mujeres. Sí, así, sin más. Mujeres. Ninguna agresión sin respuesta. Por que estamos hartas que
la violación sea el único delito en el que la víctima debe demostrar su inocencia frente a los agresores. Que siempre esté limitada la libertad de la víctima. Que se saquen a colación palabras como '
provocación', '
consentido' y '
buscárselo'. ¿Por qué juzgar a las víctimas? ¿Por qué tanta impunidad?
Está claro que la falta de mecanismos judiciales o legislativos no es, el problema es que no se aplican. Si hay un parte de lesiones, ¿por qué la jueza que ha absuelto a los cinco detendios no pide un análisis forense de la víctima?

Y estamos hartas de muchas más cosas: de que haya agentes de policía y medios que piensen que
una agresión machista es un asunto de pareja; que el Gobierno siga
sin incluir a las mujeres asesinadas por ser mujeres y dedicarse a la prostitución como víctimas de violencia de género; que
el acoso callejero siga viendose como algo 'galán' y nos condiciones por dóidne vamos o cómo vestirnos; hartas de que se deprestigie los cupos pero siga habiendo una
brecha salarial entre hombres y mujeres del 25%; hartas de que a nosotras se nos condicionen para no ser agredidas pero nadie enseñe a los hombres a no hacerlo.
Entonces llegadas a este punto, ¿qué hacemos con nuestra indignación?
Lo primero no callarnos. Y los segundo organizarse y reaccionar. No hablo de violencia, hablo de que no nos hagan invisibles, que no hablen por nosotras, que no nos hagan creer que estamos solas. Hay que aislar, marginar y arrinconar a los agresores.
Lo tenemos que hacer todos y todas. Hombres y mujeres por si no ha quedado claro. Que sean ellos quienes se averguencen, quien carguen con esa culpa, quienes sean señalados con el dedo. Esa es la reacción que hará que la impunidad comience a desaparecer.