El premio Nobel sudafricano, hizo lo propio sosteniendo el ambiente de expectación y alegría devolviendo en forma de relato inédito el entusiasmo de los asistentes. Se trató de un fragmento en el que la protagonista de su libro 'Elisabeth Costello' habla con su hijo. Ella, sensible al dolor de los demás animales, no sólo de los humanos, revela a su hijo inumerables escenas que tiene guardadas en las retina de cómo el ser humano se conporta de forma despreciable e innecesaria.
Antes, en la lectura, ha dejado ver la idea de Elisabeth de construir un matadero de cristal en medio de la ciudad para concienciar sobre el sufrimiento animal, que da paso a una conversación sobre la relación del ser humano con los seres vivos y su concepción de los mismos. En esta historia, Elizabeth envía a su hijo un paquete con documentos y recortes de prensa relacionados con el tema, y reflexiona sobre la costumbre "en el Occidente ilustrado" de "mantener al animal que va al matadero en la ignorancia, atontado, incapacitado".