Hace unas semanas buscaba con unas compañeras de trabajo un referente de país en derechos animales. Como siempre, los países del norte de Europa ganaron la competición. En primer lugar por la experiencia más próxima a nosotras. Cientos y cientos de perros abandonados que viajan cada año a países como Holanda o Alemania para encontrar la familia que nunca llegaron a conseguir en España. Un ejemplo, el
refugio de Cambados. Desde la UE llegan alegrías de vez en cuando, como la prohibición de comerciar dentro de la Unión productos cosméticos para los que hayan
experimentado con animales.
Mientras en España seguimos luchando contra la lacra de la tauromaquia, de brutalidades ligadas al alcohol y al exceso de las fiestas populares y de la visión de los animales como objetos a nuestro servicio. Y precisamente por ahí está empezando el cambio, por verles como seres vivos. Luego como seres con sentimiento y sufrimiento. Luego desligándolos de la cadena productiva. Y luego, respetando su derecho a la vida. ¿Qué menos pedir?
Así que al final, esta entrada es para descubriros una iniciativa de los animalistas en Chile. Un país repleto de perros abandonados en sus calles, como en prácticamente todos los países americanos. A primera vista con mucho que aprender de los servicios de recogida de animales como los EEUU o el español, donde cada vez más se consigue el fin del sacrificio de los animales abandonados. Pero al ver el vídeo, he visto algo que creo que no vería en España. Y es la reacción de la gente:
[youtube http://www.youtube.com/watch?v=bU_3I24KkPM]
¿Os imagináis qué pasaría si un perro de la calle se presenta con un globo que dice ‘hazme una caricia’? ¿Creéis que alguien lo acariciaría? ¿Qué no verían antes la suciedad a la necesidad de cariño que tiene el ser que mira desde abajo? En Chile he visto empatía, un sentimiento que espero que cada vez tengamos más con los que nos rodean. Sean de la especie que sean.
La iniciativa original de
Felipe Carrasco en Chile , se extendió hasta
Mexico y a
Córdoba, Argentina.