Mientras en EEUU los activistas por los derechos de los animales están en el top ten de los criminales más buscados, en España la nueva mal llamada Ley de Seguridad Ciudadana busca amedrentar a los movimientos sociales de toda índole
¿Se imaginan que entre los criminales más perseguidos en España estuviera un sicario, un miembro de ETA y un activista por los derechos animales? Y si les digo que este último no se le acusa de ningún delito de sangre, ¿más raro aún verdad? Pues esto es lo que ocurrió en EEUU en 2011. Después de la muerte de Bin Laden, el FBI ascendió al tercer puesto a Daniel Andreas San Diego. Se le acusaba de dos atentados contra empresas de biotecnología, acusadas de crueldad animal en sus experimentos y pruebas. Las dos explosiones sólo generaron ‘daños menores’ y fueron reivindicadas por la Célula Revolucionaria de la agrupación Animal Liberation Brigade (Brigadas de Liberación Animal) a través de un mail. El propio FBI reconoce que la vinculación entre esos atentados y San Diego no está probada.
Esta es la teoría que el periodista independiente Will Potter relató este fin de semana en Madrid y Barcelona con la presentación de la edición en castellano de su libro ‘Los verdes somos los nuevo rojos’. Su título, en clara alusión a la persecución que las persona con ideas progresistas sufireron bajo la ley Mccarthy en los años 50, demuestra que cada vez que un movimiento social tiene peso y puede cambiar las cosa el poder –económico y político- busca desprestigiarlo. “Y lo hace en diez pasos”, sostiene el propio Potter. “En los años 80 en EEUU, el movimiento ecologista y animalista empezó a cosechar muchos apoyos, por eso las industrias inventaron un nombre que criminalizaba el movimiento y lo difundieron pagando publicidad en medios de comunicación”.
Esto nos lleva de nuevo a pensar que tanto en EEUU como en España se persigue condenar la desobediencia civil, el activismo y la lucha por el cambio. Una intención que da un paso más en este sentido con la mal llamada Ley de Seguridad Ciudadana que no pretende otra cosa que desmovilizar a la sociedad. Greenpeace se unía a las mareas este pasado sábado desplegando un gran cartel en el centro de Madrid pidiendo la retirada de la ley antiprotesta. Y es que a estas alturas ya poco sentido tiene desvincular las agrupaciones verdes o ecologistas con las rojas o políticas. Todas somos el enemigo.